La península del cabo (1a parte)

Para mi éste fue uno de los mejores días que viví en Ciudad del Cabo. Descubrimos sitios mágicos que nadie visita y que para mi son imprescindibles.

Primero de todo, tras cruzar toda la bahía de ciudad del cabo, hicimos una parada en Hout Bay, desde dónde cogimos un barquito en el puerto para ir a la isla de Duiker, dónde viven miles de focas.

Isla Duiker
Es un sitio muy curioso ya que todas las focas están amontonadas en una roca de unos 50 metros, y viven allí. Nadan, duermen, pasean... A veces en los alrededores se pueden ver aletas de tiburones blancos en busca de estos leones marinos que pueden llegar a medir 2 metros y pesar 300kg. Todo un manjar
El barco se coge en el puerto y cuesta 60 rands (4€). La visita dura unos 45'.

Desde allí se coge la famosa Chapmans Peak. Carretera costera mundialmente famosa dónde todas las vistas son alucinantes y se obtiene una panorámica de toda la península del cabo. 9 kilómetros de curvas y precipicios lleno de miradores a los que hay que parar obligatoriamente porque no hay lugar que no deje con la boca abierta. Ésta carretera ha salido en numerosas películas cómo El invitado (2012).
Hout Bay desde el mirador

Vistas de Noordhoek
Siguiendo la ruta, hicimos una pequeña parada en Noordhoek, dónde se encuentra el faro más alto de la costa africana. Lo que más impresiona, pero, es su playa, de arena blanca y fina, la hace un lugar único.
Pues bien, de parada en parada llegamos al parque natural de la Península del Cabo.
Primero fuimos hasta el faro de Cape Point. El ascenso puede ser andando o en funicular. Esto depende de cada uno y de su forma física, pero a pie no es difícil.

Faro de Cape Point
Sé que no paro de repetirlo, pero las vistas en todos los puntos son tan y tan espectaculares!! Desde el parking de Cape Point sale una ruta que va hasta el cabo de Buena Esperanza bordeando toda la costa. Allí descubrí Dias Beach, una de las playas más bonitas que he visto en mi vida.

Dias beach
Se accede bajando unas 200 escaleras, pero la verdad es que el sitio te quita el aliento. Repusimos fuerzas haciendo un pequeño picnic solas en la playa, oyendo el rugir de las olas, y finalmente llegamos al Cabo de Buena Esperanza. El camino es un poco resbaladizo, así que hay que ir con cuidado.
Cómo no, las vistas a los acantilados son también espectaculares.

Acantilados
Y por último, una vez en el parking, nos hicimos la foto más famosa, con el panel indicador. Que al haber una cola de 1000 chinos, tuvimos que hacerla de una manera diferente. jejeje

Cabo de Buena Esperanza
El día continuaba, pero esto lo explico el próximo día.

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