En tierras Damaras

Gracias a un geólogo alemán que estudiaba la zona de Kaokoland, se descubrieron los petroglifos de Twifelfontein. Éstos fueron realizados por los bosquimanos hace más de 3000 años.  Las piedras son de fácil erosión por lo que es fácil grabar en ellas y han perdurado hasta ahora.
Desde el 2007 está declarado cómo Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y no es para menos: los grabados en la piedra son preciosos y se ven muy claros.

Dibujos de animales, pisadas...
La visita dura aproximadamente una hora y se hace con un guía local damara.
Se pueden encontrar diferentes animales, sus huellas,  dibujos humanos... Y algo único: la figura del chaman simbolizado con cuerpo de león cuya cola termina con una mano abierta y los dedos de las patas son cinco y no cuatro (cómo tiene realmente el león). En la boca tiene una gacela. Sólo se ha visto en estos grabados.

Grabados en los que se puede observar la figura del chamán

Dentro de Damaraland está la región de conservación de Torra, donde habitan los elefantes del desierto.
Su cuerpo se ha adaptado a las condiciones áridas de la zona y por este motivo son más delgados y arrugados. En vez de tirarse agua o barro para protegerse la piel, éstos se tiran arena,  lo que hace que tengan un color gris-marrón tan especial. Verlos con sus crías, en su hábitat tranquilamente es una experiencia que vale mucho la pena.

Elefantes del desierto con sus crías amamantando
El safari lo ofrece Wilderness safaris, una cadena que más adelante hablaré de ella pero que como adelanto diré que son increíbles. Lujo en medio de África.

Para mi éste fue mi primer safari.
Sé que en cada país es diferente y hay algunos como Tanzania y Kenya en los que cada vez que giras la esquina hay alguna manada tranquilamente haciendo su día a día.
En Namibia pensé que sería igual: coger el jeep y empezar a ver animales cómo una loca. Pero no. Tal cual nos subimos empezamos a dar vueltas en busca de señales que indicaran dónde podían estar los paquidermos. El guía bajó varias veces del coche y todo para mirar y valorar las cacas de elefantes con tal de calcular el tiempo que hacía que habían sido evacuadas. Yo alucinaba; cómo podía ser que lleváramos una hora dando vueltas sin encontrar ni un elefante, tan solo persiguiendo sus heces!! Y, cuando ya estaba más aburrida que una ostra, aparecieron los protagonistas y me quedé con la boca abierta.
Elefantes pasando justo por delante. En el silencio solo se oyen sus pasos
Hubiera pasado todo el día mirando a las dos manadas que vimos, riendo de los tropezones de los más pequeños, observando cómo dormían...
Por lo que la conclusión a la que llegué fue que los safaris se pueden llegar a hacer muy pesados, pero que si se tiene suerte, merecen mucho la pena. Así que me declaro fan.

Recuerdo de mi primer safari

No hay comentarios:

Publicar un comentario