Karlovy Vary, ciudad balneario

Situada a 112 km de Praga, la ciudad-balneario de Karlovy Vary recibe cada año una gran cantidad de turistas.

Casas de colorines en Karlovy Vary

La ciudad fue fundada  en 1370 por Carlos IV (de quien tomó el nombre) tras descubrir por casualidad gracias a su perro de caza las aguas calientes que brotaban por la zona.
Se han encontrado un total de doce fuentes termales, algunas de las cuales llegan a tener temperaturas de hasta 73ºC. La gente compra sus jarritas con un mango especial y van probando las diferentes aguas ferruginosas. Son medicinales, muy recomendadas para problemas intestinales. El agua tiene como un gas y un sabor particular que a mi no me gustó mucho. Aunque eso sí, ya que estaba, no dejé ninguna por probar. jeje

Fuente nº9
Cada fuente informa de su temperatura y del nombre

Las fuentes se encuentran en diferentes columnatas, edificios de finales del siglo XIX con muchas columnas.
Para visitar la ciudad solo hace falta seguir el curso del río, ya que desde allí se pueden ver casi todos los edificios y columnatas más interesantes. Como por ejemplo el Pabellón de las fuentes termales que está en el manantial principal nos encontramos con el Vridlo, un géiser que alcanza los doce metros de altura y una temperatura de 72ºC. También son imprescindibles de ver la Columnata del Mercado, la del Molino y la del Castillo.

Geiser Vridlo, la fuerza con la que sale es de manera natural

A parte de las fuentes nos encontraremos con la iglesia se Santa María Magdalena. Es de origen barroco. Y dedicada al gran número de rusos que visitan la zona, en lo alto de la colina está la iglesia ortodoxa de Pedro y Pablo, con su arquitectura típica.

Iglesia de Santa María Magdalena

Al final del paseo está el Hotel Pupp, de gran lujo y glamour. Cada año organiza el festival internacional de cine de la ciudad y en el parking siempre hay coches de categoría. El hotel aparece en diversas películas como la de Last Holyday y Casino Royale de James Bond.

Imagen de las colonades con James Bond

Un museo interesante de ver es el de Jan Becher. Conocido popularmente como la 13ª fuente termal, este licor hecho a base de veinte hierbas, raíces y especias tiene un sabor particular. Al principio (1807), se usaba como medicina estomacal. Pero se hizo tan popular que el boticario Jan Becher decidió comercializarlo. La receta es totalmente secreta y hoy en día tan solo la saben dos personas. El museo se encuentra en la antigua fábrica de Becherovka por lo que la visita va pasando por las diferentes zonas de producción hasta llegar a la cata de diferentes variedades. El precio es de 120 CZK (4'5€) y las visitas se realizan guiadas en diferentes idiomas.

Antigua producción de botellas Becherovka

Por último, también se puede ir al museo Moser de vidrío y cristalería. La visita consta de  un paseo por la fábrica con su correspondiente demostración bufando y haciendo formas al cristal ardiente y luego la tienda-exposición.

Demostración de la fabricación

En un día es posible visitarlo todo. Salen autobuses desde Praga cada hora aproximadamente. Pero no os podéis ir sin probar las famosas obleas de Karlovy Vary, preparadas por primera vez en 1800 para endulzar a los pacientes del balneario. Hoy, con diferentes sabores son un imprescindible.

Hay que reconocer que es una ciudad señorial

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