El Monasterio de Piedra

En Nuévalos, a 30 km de Calatayud se encuentra el monasterio de Piedra. Una zona natural realmente bonita y que sorprende, ya que el desierto de los Monegros está muy cerca.
La visita al conjunto dura unas 4-5 horas y consta de dos partes: el parque natural y el monasterio cisterciense del siglo XIII.

Baño de Diana y al fondo, Cascada Caprichosa

El precio de la entrada es de 16€ y aunque parezca algo caro, puedo asegurar que vale mucho la pena. Es muy recomendable llegar lo más pronto posible (abre a las 9) ya que luego se llena de gente y el espacio pierde un poco su magia.

Trozo parcial de la inmensa caída de agua llamada Cola de Caballo

El parque natural era el huerto del monasterio hasta el 1844 que tras la desamortización de Mendizábal, el empresario Juan Federico Muntadas se convirtió en el propietario y construyó un jardín paisajista inglés (siempre respetando el curso del río Piedra), un hotel- balneario y una piscifactoría la cual fue de las primeras de España y que hoy en día aún se puede visitar y ver nadar a sus truchas.

Según su alimentación, en el cuerpo de las truchas aparecen unas motas de pigmento naranja.

El circuito es circular cerrado y pasa por increíbles cascadas y cuevas.
Destacable la cascada Cola de Caballo que con una caída de 50 metros de altura, es la más grande del parque. A través de la gruta Iris, se va haciendo el descenso hasta llegar a los pies del increíble salto de agua.

Cascada de la Trinidad

Otra preciosa cascada es la llamada Caprichosa. Ésta se caracteriza por su gran anchura y el ruido atronador que produce su caída de agua.

Cascada Chorreaderos

Por último, al final del circuito se recorre un lago llamado del Espejo en el que sus aguas cristalinas reflejan las montañas dándole al lugar un toque de paz y tranquilidad.

Lago del Espejo. El día estaba aireado, por lo que no se reflejaba del todo. Aún y así el lugar es encantador

Cada día dentro del recinto se hace una exhibición y un espectáculo de aves rapaces, donde se las puede ver volar y aprender sus características.. Es muy parecido al Cim de les Aligues, en Barcelona.

Preciosa águila del centro de recuperación

Una vez salimos del recinto natural, hay que pasarse por el monasterio. Si podéis, coged una visita guiada (está incluida en el precio de la entrada), ya que la historia del recinto es muy interesante.
El monasterio fue construido en el 1218 por unos monjes enviados de Poblet (Cataluña) y su estilo es gótico cisterciense.

Claustro del monasterio

Lo que queda en pie hoy en día es lo que se ha mantenido tras diversos saqueaos y asaltos en los que se llevaron tajas y piedras.
Se puede visitar el claustro, el comedor y la sala capitular.

Interior de la iglesia, la cual ha sufrido muchos ataques a lo largo de los años

Dentro del conjunto hay el museo del vino y el del chocolate, pues fue aquí donde se cocinó por primera vez en toda Europa.

La zona está llena de balnearios con aguas termales curativas en las que a parte de alojarse, uno puede relajarse de su día a día.
Para esta escapada, yo escogí el Hotel Termas Pallarés.
Fundado en 1863, aquí se han alojado políticos, artistas y hasta miembros de la realeza. A parte del hotel y el balneario, el recinto también tenía un casino y hasta un teatro!

Una de las entradas al hotel

A parte del balneario, el hotel se caracteriza por tener un lago termal, único en el continente europeo. De su fondo (tiene unos dos metros de profundidad), brotan unas aguas calientes, a 32ºC todo el rato, lo que hace que el lago tenga siempre una temperatura de 28ºC. Así que no hay excusa para probar estas aguas medicinales en cualquier época del año.

Lago termal, con el Hotel de fondo

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