De plaza en plaza por Roma y mucho más

No hay plaza ni iglesia en la ciudad eterna que no sea digna de admirar; todas tienen algo que obliga al visitante a detenerse y dedicarle un tiempo.
Junto a la estación de trenes y autobuses Termini, nos encontramos con la Plaza de la República. En medio está la fuente de las ninfas (Fontana delle Naiadi), muy polémica en 1901, debido a la desnudez de éstas.

Plaza de la República con su fuente de las ninfas

Al lado están las Termas de Diocleciano. Se inauguraron el año 305 d.C. y eran las más grandes de Roma, con una capacidad para 3000 personas. Se cerraron el año 537 debido al corte de suministro de agua a la ciudad durante un asedio. El precio de la entrada es de 7€ y entre las ruinas, hay espacios en pie preciosos.

Las termas de Diocleciano era un edificio gigante. Hoy aún se conservan partes en pie

En el año 1561 el Papa Pío IV hizo que Miguel Ángel construyera en una parte de las Termas la iglesia de Santa María de los Ángeles, para recordar así a los esclavos cristianos que murieron durante la edificación del balneario.
Del artista hoy solo queda el techo abovedado. De estilo renacentista, lo que más destaca es su entrada de ladrillo casi en ruinas y el contraste con su interior.

Curiosa fachada de ladrillo y humilde.
Con esa fachada tan simple, nadie se imagina un interior tan recargado y amplio

Otra plaza imprescindible es la Plaza España. Se llama así porque al lado está la embajada del país. Destaca por su gran escalinata que conduce a la iglesia de la Trinitá del Monti.
A los pies de la escalera, hay una fuente barroca dedicada a la familia Barberini, una de las más influentes de Italia del siglo XVII. Está por debajo del nivel del suelo para que así pueda llegarle agua de un acueducto romano que aún corre bajo la ciudad.

Las famosas escaleras de Plaza España
Anque no lo parezca, la fuente de la familia Barberini está bajo tierra

De allí parten varias calles comerciales donde se pueden encontrar grandes marcas de lujo y alguna que otra tiendecita de souvenirs.
Si tiramos por la Vía del Babuino, llegaremos a otra plaza que se convirtió en una de mis favoritas, por su ajetreo, su música y exhibiciones en todas partes... Se trata de la Piazza del Popolo (plaza del Pueblo). Antiguamente era el lugar donde se hacían las ejecuciones públicas y la entrada norte a la ciudad.

Este obelisco estuvo en medio del circo Massimo

En su inmensidad destaca por tres cosas: el centro, que está coronado por un gran obelisco de 24 metros traído de Egipto por Augusto, el extremo sur, donde podemos ver la iglesia de Santa María in Montesanto (1675) y la de Santa María del Miracoli (1678), que son realmente casi idénticas. Ambas fueron construidas por Carlo Rainaldi y sus diferencias radican en las formas y colores (una ovalada, la otra cuadrada...). Junto al obelisco, forman el llamado tridente.

Las iglesias gemelas

Por último, en el lado norte está la gran puerta de entrada. Fue reformada por Berini el 1655 bajo la orden del Papa Alejandro VII debido a la visita de la reina Cristina de Suecia tras ser convertida al cristianismo.

Puerta norte de entrada a la plaza y antiguamente a la ciudad

Justo encima de la plaza, está el gran parque Villa Borghese. Con 80 hectáreas, tiene diferentes estilos de jardín. El más bonito sin duda es el jardín del lago donde se puede alquilar una barquita con remos y llegar hasta el templo de Esculapio.

Este tranquilo parque es un buen lugar donde relajarse

Dentro del parque nos encontramos con la casa de la familia Borghese, convertida hoy en galería de arte con importantes obras de Rafael, Rubens, Tizziano... El precio de la entrada es de 11€.
Los jardines fueron construidos en 1605 por el cardenal Scipione Borghese para convertirlos en su residencia de verano. Posteriormente, en 1903, la familia vendió las tierras al ayuntamiento de Roma para saldar sus deudas.
Por último, cerca del Vaticano, encontramos la plaza Cavour. Allí está el colosal Palacio de Justicia, totalmente recargado de ornamentación, que fue el primer edificio en construirse tras proclamar a Roma como capital de Italia. Tardó veintidós años en construirse y es comúnmente conocido como el Palazzaccio. Dicen las malas lenguas que su edificación fue para blanquear dinero.

Palacio de justicia

Al lado nos damos de bruces con el Castillo de Sant Angelo. Esta fortificación fue erigida como mausoleo del emperador Adriano en el año 135 y posteriormente, en el siglo VI, se convirtió en fortaleza papal. En el siglo XIII se construyó un pasadizo secreto de 800 metros que iba del Vaticano al castillo, lugar en el que muchos papas se escondieron cuando estaban en peligro.
El nombre del castillo lo puso el Papa Gregorio I, cuando durante la peste vio en la cima de la fortificación al arcángel San Miguel anunciando el fin de la epidemia. Por este motivo, arriba del todo está la estatua del ángel.

Castillo de Sant Angelo. Al fondo se ve la cúpula de la

El castillo también fue usado como cárcel de la Inquisición. Un celebre preso que estuvo allí fue Galileo Galilei.
El precio de la entrada es de 14€ y dentro encontramos el museo Nacional del Castillo, donde a parte de pinturas, se exhiben numerosas armas de fuego que fueron usadas por soldados durante la defensa del castillo.

Vistas panorámicas del castillo con su puente

Delante, un precioso puente con el mismo nombre (Ponte Sant Angelo), construido por Adriano, para que todo el mundo pudiera acceder a su mausoleo, y decorado en 1668 con esculturas de ángeles.
La mejor vista de ambos lugares se obtiene desde el puente de al lado, el de Vittorio Emanuele II, sobretodo al atardecer.

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